Usted esta aquí
Inicio > Opinión > Editorial > Entre sombras y luces

Entre sombras y luces

Sin los bombos y platillos propios de la ocasión – 50 años son 50 años – y sin la brillantez de otros años, celebra el departamento del Cesar sus bodas de oro.

Aunque mucha agua ha corrido debajo del puente de hurtado, el departamento es muy joven aún como para pretender una robustez de sus músculos que solo el añejamiento propicia. Claro, 50 años, bien aprovechados, también pueden ser suficientes para alcanzar unos niveles de desarrollo significativos a condición de una eficiente conducción público-privada.

Sin ser negativos, podría sentenciarse que el Cesar tiene más (mejor) pasado que presente, a juzgar por las opiniones de muchos de los analistas que vierten sus pareceres en esta edición. Hubo lustros, décadas, de bonanza económica, con un sector agropecuario muy productivo y empleador de mano de obra (Jaime Bonet), en contraste con la actual debacle del sector. Unas expresiones folclóricas más autóctonas, en lo musical productoras de clásicos (Villamizar), aunque más in situ en la comarca, sin la incertidumbre de su desaparición. El liderazgo casi se daba silvestre. Valledupar y el Cesar eran reconocidos como Sorpresa Caribe y Piloto, respectivamente; incipiente, pero había capital social. Había liderazgo político, lo había empresarial, lo hubo gremial, y el cívico se daba a borbotones…

Por supuesto, sería necio negar el crecimiento advertido en el departamento, ora cimentado por gobiernos de vieja data (electrificación, educación, etc.), ora devenido por programas gubernamentales nacionales (vías, comunicaciones, etc.), y otros muchos actores, incluida la generación espontánea, que han metido sus manos. Son avances significativos, sin duda, que mantienen al Cesar donde hoy está; ni menos, ni más.

Siendo positivos, podría augurarse más futuro que presente para el Cesar, desde luego a condición de una conducción de estadista y humanista que gobierne exclusivamente por y para el Cesar; una conducción que comprenda la importancia de propiciar capital social, de fomentar empresa, academia, gremios, de fomentar ciudadanía…  una conducción que comprenda – pero también plantee soluciones prospectivas – la magnitud de la crisis que ya se otea y cuyo agravamiento se teme: dependencia del Cesar hacia el carbón, mineral perecedero y, además, con pie de barro y, para desgracia, mal aprovechado al no sembrarse ni hacerse eslabonamiento. La no existencia de un sustituto productivo y rentable. La anemia que abraza a la música vallenata (Villamizar). El déficit de institucionalidad y capital social…(Herrera).

Pero si, el Cesar podría tener más futuro, promisorio inclusive, si se aprovecha debidamente una serie de fortalezas con que cuenta el departamento, dando por sentado que se mitigarán las debilidades. Hoy el territorio dispone de una generación, la del cincuentenario, muchos de cuyos miembros constituyen un recurso humano inapreciable, con educación altamente calificada – maestrías, doctorados, posdoctorados – cursada en universidades nacionales e internacionales (Quiroz Hinojosa).

Lamentablemente el departamento se da el lujo de ignorarlos, de nunca aprovecharlos, de no integrarlos, haciéndolos forasteros en su propia tierra. Otra cosa es el poco (nulo) apoyo que la institucionalidad universitaria les ofrece a sus docentes en la financiación de sus estudios de posgrados.

La reivindicación de espacios por las mujeres alimenta las esperanzas, por el alto grado de laboriosidad, rigurosidad, probidad y compromiso que evidencian. El universo de la gerencia empresarial, y también el de la academia y el del servicio público, es cada día más conquistado por las mujeres, desempeñándose con lujo de competencias (Molina Araujo). En la cultura, por fortuna, también están siendo fecundas; hoy las vemos en la literatura, en la poesía, en el teatro, en la pintura, inclusive, ¡quién lo creyera!, en la interpretación de instrumentos y composición musical (Daza Orozco), área que parecía reservada solo a los hombres. Donde menos incursionan es en la política, pero también caerá.

Así celebramos las bodas de oro del Cesar. Una decena de plumas especializadas, estudiosos y preocupados por el Cesar, nos dan cada uno su visión sectorial del departamento, honrando el pasado y proponiendo el futuro. Sí, no se espanten: hay futuro, y promisorio. Los nubarrones que se ciernen sobre el cielo cesarense son reversibles, son superables.

Eso sí: de nosotros, de su gente, depende ganar o perder.

Felices pascuas y un próspero año nuevo.

Deja un comentario

Top