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¿El turismo forma parte de la economía naranja?

Por: Gustavo Toro*

Con la llegada del Dr. Iván Duque a la presidencia de la República sin duda la economía naranja se pondrá de moda, toda vez que el entonces senador fue impulsor de la ley 1834 de 2017, que reconoce la economía naranja como un sector muy importante para la generación de riqueza del país.

Pero, ¿qué es en sí la economía naranja? Según la misma ley y los expertos en la materia, la economía naranja es aquel sector de la economía constituido por las industrias creativas “entendidas como aquellas que generan valor en razón de sus bienes y servicios, los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual”, dentro de cuatro sectores: el patrimonio ancestral, las artes visuales y escénicas, la televisión y la radio, la arquitectura y el diseño.

Es así como la economía naranja incluye en el patrimonio ancestral a festivales y carnavales, a la gastronomía, a los museos y bibliotecas; en las artes escénicas al teatro, las danzas, la zarzuela, los títeres; en las artes visuales a la fotografía, la pintura, la escultura; en los medios de comunicación a la radio, la televisión, el cine y los medios digitales y publicidad; la arquitectura; y el diseño y la joyería, entre otras.

En el artículo segundo de la ley, que contempla las definiciones, se incluye como componente de las industrias creativas el turismo y patrimonio material e inmaterial. Señalaba el Dr. Duque que uno de los grandes hermanos que tiene la economía naranja es el turismo, pues permite ofrecerle al visitante la vinculación con la cultura e indicaba que la hermandad entre cultura y turismo va a generar actividad económica. (Palabras más, con Alvaro García, junio 2017).

De lo anterior podría concluirse que economía naranja no es turismo, ni que turismo forme parte de la economía naranja. Veamos por qué.

Como bien señala la definición de economía naranja que incluye la ley 1834, esta está integrada por industrias creativas que se fundamentan en la propiedad intelectual. Difícil entender cómo el patrimonio ancestral, que no tiene propiedad intelectual precisamente porque surge de las tradiciones populares, sin autor conocido sino como expresión de una sociedad, pueda contabilizarse en la economía naranja.  Caso distinto sucede con los eventos que se organizan en torno a esas manifestaciones culturales, como sucede con el Festival de la Leyenda Vallenata o el Carnaval de Barranquilla, que es posible que sí tengan un “dueño”, que deriva de la puesta en escena de esas manifestaciones culturales un beneficio económico y cuya celebración impulsa la economía regional en las fechas de su celebración. Considero, por tanto, que la delimitación que impuso la ley a las industrias creativas en el sentido de fundamentarlas en la propiedad intelectual generará un gran escollo para su medición.

En el sentido estricto de la ley, me atrevería a decir que el turismo no forma parte de la economía naranja aunque sin duda puede ser una herramienta muy importante para su difusión y consolidación.

En general, el producto turístico se fundamenta en dos pilares: la cultura y la naturaleza. Aparte del turismo corporativo, que obedece a otras lógicas, el turismo de ocio se origina ante la motivación de conocer otras culturas, actuales o pasadas, o de compartir manifestaciones culturales, o de disfrutar de la naturaleza.

Si se analizan las motivaciones de las personas para viajar, por más segmentadas que se encuentren, veremos que caen en cualquiera de estas dos categorías.  Así, las personas que viajan por motivos arquitectónicos, o para asistir a un festival o a una celebración particular; las que se desplazan para disfrutar de la gastronomía de un destino, o las que lo hacen para conocer una tradición o simplemente para compartir un hobby, o para conocer adelantos científicos, todas ellas tienen una motivación cultural.

En el campo del turismo de naturaleza se incluyen los desplazamientos motivados por el deseo de conocer parajes naturales, observar aves, realizar caminatas ecológicas, efectuar actividades de aventura, visitar cuevas o escalar montañas.

Las personas que trabajamos en turismo tenemos el reto de responder a esas motivaciones con experiencias; para ello se necesita creatividad e innovación, pero difícilmente esas experiencias diseñadas por prestadores de servicios turísticos serán objeto de propiedad intelectual, como para decir que forman parte de la economía naranja.

Nosotros, los trabajadores del turismo, nos nutrimos de la cultura y de la naturaleza para diseñar las experiencias de nuestros clientes. Las tradiciones y los intereses culturales, así como la oferta natural son la materia prima de los productos que ofrecemos. Esa materia prima es la misma para todos los actores del turismo; solo la creatividad y la innovación les darán un contenido que hará de ella una experiencia inolvidable para el turista. Sin embargo, a esa oferta, así creada, ¿es susceptible reconocerle unos derechos de propiedad intelectual? Hasta ahora no conozco el primer caso. De hecho, muchas agencias de viajes se quejan de que otras les copian sus planes. El solo hecho de modificar un recorrido hace que ya la oferta no sea la misma. De allí mi tesis de que el turismo no forma parte de la economía naranja.

No obstante, el turismo puede ser un vehículo muy potente para impulsar y fortalecer la economía naranja. Como acabo de señalar, una parte de las motivaciones de viaje de los turistas obedece a expectativas relacionadas con la cultura, y esas expresiones culturales forman parte de la economía naranja.

El vallenato, como expresión cultural, y el Festival de la Leyenda Vallenata, como puesta en escena de esa manifestación, mueven hoy miles de personas hacia Valledupar y se convierten en importante insumo para diseñar productos turísticos creativos e innovadores.

Lo mismo sucede con las culturas indígenas que hacen presencia en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, o con los Niños del Vallenato, ampliamente reconocidos a nivel mundial. Todas ellas son manifestaciones culturales del mayor interés para quien visita Valledupar.

El turismo puede potenciar esas ofertas mediante productos turísticos innovadores y creativos, que brinden al visitante una experiencia inolvidable sobre la cultura vallenata y sobre nuestras culturas indígenas ancestrales. La estructuración de esos productos requiere un trabajo coordinado y armónico entre las instituciones culturales y las turísticas, con participación del sector privado, que es quien, en últimas, organiza las ofertas comerciales.

*  Director Nacional de Cotelco

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