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El suicidio

Por: Arnoldo Mestre Arzuaga

nondomestre@hotmail.com

El suicidio es el acto por el que un individuo de forma meditada se provoca la muerte. Por lo general, es el resultado de la desesperación atribuida a una enfermedad física, una enfermedad mental (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad), el alcoholismo, el abuso de sustancias nocivas para la salud, sin excluir factores externos, igual de estresantes, como las dificultades financieras, las malas relaciones con la pareja o el acoso psicológico. No obstante, el más importante factor de riesgo individual es el antecedente de un intento de suicidio no cumplido.

Las ideas de suicidio hacen referencias a la existencia de un pensamiento y planes de suicidio.

En la antigua Grecia el suicidio se consideraba como un error en sí mismo, pero podía haber una justificación para ello. El filósofo Platón se oponía al suicidio, salvo tres excepciones: la ordenada legalmente por el estado (caso Sócrates); enfermedades incurables y “…la ocurrencia de una desgracia insoportable”.

Otros dos filósofos griegos: Demócrito y Speusipo, se suicidaron por problemas de salud cuando eran muy ancianos. Así, para los epicúreos, cuando la vida se volvía insoportable, el suicidio estaba justificado.

En la antigua Roma no había prohibición de suicidio para los ciudadanos. Sin embargo, estaba prohibido para esclavos y soldados: el primero por consideraciones económicas, y el segundo por razones patrióticas.

Han existido suicidios curiosos como el de la escritora británica Virginia Wolf, quien padecía trastornos de la personalidad; ésta se llenó los bolsillos de piedras y se tiró a un río.

En los países en vía de desarrollo, el suicidio constituye una de las tres principales causas de muerte en la población de 15 a 34 años. Si bien afecta a todas las edades, la mayor parte de los casos ocurre en personas de más de 60 años.

Suicidio en la Antigua Grecia

En Colombia, el ministerio de salud reconoce el suicidio como un problema de salud pública. En sus acciones encaminadas al fomento de la salud mental, lo incluye en su plan decenal de 2012-2021 como uno de los asuntos de prioritaria vigilancia.

Igualmente, ha aumentado progresivamente los contenidos sobre salud mental a los que tienen derechos los afiliados al sistema general de seguridad social en salud en Colombia.

El suicidio cometido por adultos mayores puede ser una elección racional. Muchos ancianos lo discuten entre ellos y es el caso más consultados a los médicos. En este grupo poblacional, los principales motivadores del suicidio son las enfermedades, físicas o mentales, y el abandono al que culturalmente se somete a los hombres mayores.

En personas jóvenes también se dan los motivos de las decepciones amorosas, defectos físicos y hasta por bullying, pues los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas de si mismos, presión para lograr éxito, incertidumbre financiera y otros miedos mientras van creciendo.

Para algunos adolescentes, el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de si mismo.

Para algunos suicidas la muerte aparenta ser una solución a sus problemas. El ‘bullying’, la falta de aceptación de la condición sexual y no tener una orientación psicológica adecuada para enfrentar las crisis, son algunas de las causas principales de los suicidios a esta edad”, afirmó Jorge González González, doctor en salud pública y especialista en epidemiologia.

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Debe reconocerse y diagnosticarse la presencia de esas condiciones y se debe desarrollar un plan de tratamiento apropiado. Cuando los padres sospechen que el niño o el joven pueda tener un problema serio, un examen psiquiátrico será de gran ayuda.

Algunos profesionales conocedores del tema –  psiquiatras, psicólogos e, incluso, médicos – consideran que el suicidio es genético, pero muchos otros se apartan de esta hipótesis. Sin embargo, dada la reiteración de la conducta suicida en una misma familia, convendría preguntarse si un descendiente de padres, abuelos o tíos suicidas, no podría cultivar la predisposición al suicidio, considerándolo válido en razón del ejemplo de sus antepasados.

En mi familia, Mestre, la historia registra más de una decena de casos suicidas que datan inclusive de la colonia. A finales del siglo XVII, siendo gobernador de Santa Marta, Vicente Sebastián Mestre se suicidó de una forma tormentosa. Los piratas del Caribe, después de secuestrarlo junto con el obispo de la ciudad, se mofaron de él, le desordenaron su peluca blanca y se la escupieron. Pagado su rescate por la sociedad de Santa Marta, Mestre no volvió a abrir su boca para ingerir alimento ni para pronunciar una sola palabra. Al decir del abogado y escritor Carlos Rodolfo Ortega: murió ‘emperrao’.

Mucho tiempo después, en 1919, el general de academia militar Vicente Sebastián Mestre Socarras, el más prolífico de los escritores cesarenses, decepcionado por negarle el Estado Colombiano la pensión de jubilación por servicios prestados en la milicia, misiones diplomáticas y otros, se quitó la vida propinándose un disparo en la cabeza en las afueras del capitolio nacional (sede del congreso de la república de Colombia).

Más adelante, en 1968, uno de mis tíos muy querido por toda la familia, decide ponerle fin a su vida también en la misma forma. Hay otros casos que por motivos familiares no mencionaremos. Lo cierto es que esta ‘predisposición’ al suicidio es casi una característica familiar, al punto que muchos, con humor, prefieren no acercarse a un ico (nylon de colgar hamaca) afirmando que son ‘icológos’. Inclusive, un pariente muy querido, al llegar a los 50 años, anunciaba con bombos y platillos que a los 60 se quitaría la vida. Ya cerca del término (porque no hay plazo que no se cumpla), sintiéndose aún joven, rogaba a santo Ecce Homo que no le parara bolas a sus palabras, que le pospusiera por 10 años más el desenlace catastrófico, petición que repetía cada vez que se aproximaba la fecha, para morir finalmente de muerte natural.

Yo también tuve mi experiencia de intento de suicidio. Para esa época era muy joven. Después de perder una cuantiosa suma de dinero en el cultivo del algodón – arruinado, embargado y acosado por las deudas – una tarde, solo en mi apartamento, tomé esa decisión. A punto de jalar el gatillo, alguien tocó la puerta de mi habitación. Gracias a ese milagro estoy vivo. Nunca antes había contado esto; hoy estoy arrepentido y todos los días le doy gracias a Dios por mandar a esa persona a tocar mi puerta.

En nuestra ciudad, Valledupar, los casos de suicidio cada día son más graves. Desde menores de edad hasta adultos mayores toman esta fatal decisión que, según expertos en salud mental, puede ser un acto originado en la violencia intrafamiliar, el consumo de sustancias psicoactivas, deterioro y desintegración de la familia y depresión. Estos aspectos pueden ser trabajados para reducir los índices de suicidios.

La ráfaga de muertes por suicidios por la que cruza ahora mismo nuestra ciudad es altísima y cada día la información mediática nos sorprende con un nuevo caso.

 

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