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El Suicidio es prevenible, las alertas están encendidas

Por: Helen Dayana Bohórquez Quintero

helenbohorquezperiodista@gmail.com

Cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo. En Colombia, 7 casos se presentan cada día.

Sí, es una alarmante situación que hoy tiene impactada a la sociedad. Un fenómeno global que afecta a personas de todas las clases sociales, de todos los niveles de formación académica y de todas las edades. Una realidad que acaba con la felicidad y tranquilidad de miles de familias; es una tragedia de un sufrimiento incomparable, incluso interminable.

A diario los medios de comunicación locales, nacionales y extranjeros registran por lo menos una víctima más de autoeliminación. La más reciente alerta fue difundida por una representante de los pueblos indígenas de Colombia al denunciar la ‘epidemia de las cuerdas’, en relación al aumento se suicidios en niños indígenas del país utilizando el método del ahorcamiento, una denuncia expuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Es que las cifras van en aumento respecto a años anteriores. El último informe del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses revela que 2.571 colombianos se suicidaron en el 2017, esto representa 10% más en relación al 2016 (2.310 casos).

En el país, por cada 100 mil habitantes, 5 se quitan la vida; por cada 10 mujeres, 44 hombres lo hacen. En el caso de los suicidios en niños, niñas y adolescentes se presentó un aumento del 35,9% al pasar de 582 casos en 2008, a 791 en 2017. Ha de recordarse que el suicidio en jóvenes entre los 15 a 29 años fue la segunda principal causa de defunción en el mundo en el año 2016.  (ELABORAR INFOGRAFÍA)

Peor aún. La Organización Mundial de la Salud muestra su pesimismo en caso de seguir con estos registros. En la actualidad, 800 mil personas se quitan la vida al año, pero para el 2.020 se pronostica que esa cifra aumentará a 1,5 millones. Definitivamente, el reto está en desmentir esta triste proyección. El problema requiere de una inmediata atención abordada desde la sociedad, el gobierno, la familia y el mismo individuo.

Tal como lo informa Medicina Legal, hasta julio del 2018 iban 1.396 suicidios en el país, 1.156 hombres y 240 mujeres, 72 casos más respecto al mismo periodo del 2017. En relación a las edades este es el panorama:

Ahora, aterricemos un poco a nivel regional y local. El departamento del Cesar también presenta un balance negativo. El 2017 cerró con un total de 49 víctimas por autoeliminación, una cifra ya igualada al 16 de septiembre del 2018.

Valledupar es la ciudad con el mayor número de casos, 29 muertes por auto eliminación (59,2%), Aguachica con 5 casos (10,2%) y Chiriguaná y Pelaya con 2 (4,1%).  Las personas mayores de 65 años representan el mayor número de víctimas, 14 fueron registradas, siendo el ahorcamiento el método más utilizado: 33 de las 49 víctimas así lo hicieron.

 

Factores de riesgo

Es un fenómeno multicausal, indican los expertos, siempre hay varios elementos asociados con la decisión y realización de un suicidio.

“No hay un único factor. Se conjugan situaciones vitales como la personalidad, los estresores cotidianos, factores genéticos, medio ambientales y de riesgo (drogas, alcohol, disfunción familiar, violencia, bullying, entre otros)”, explica el psicólogo y coordinador de la dimensión convivencia social y salud mental de la secretaría de salud de Valledupar, Juan Carlos Bermúdez.

Muchos de estos factores se relacionan con un problema de salud mental denominado depresión, que, a su vez, se caracteriza por diferentes sensaciones, como la tristeza, el mal ánimo, baja autoestima, pérdida de interés por las cosas, aislamiento, pérdida de sueño, entre otros. Quiere decir que la conducta que está impregnada en la persona que se agrede es la depresión.

El psicólogo Bermúdez manifiesta que el ser humano no tiene porque hacerse daño, ocurre que “la persona que se flagela hace una implosión, invierte el afecto hacia adentro, entonces se agrede; cuando eso sucede, hay depresión aguda y, seguramente, una disminución de la autovaloración positiva”.

Desafortunadamente la víctima es quien valida todos estos factores mencionados, pues a diario todas las personas intereactúan con factores de riesgo similares, es decir, siempre habrá problemas cotidianos a los que enfrentarse; problemas familiares, de pareja, en la escuela, en el trabajo, con amigos, pero solo el ser humano de forma individual los valida y decide qué tanta influencia tienen en su vida.

Para la coordinadora de la dimensión convivencia social y salud mental del departamento del Cesar, Jackeline Jack, hay otro factor fundamental que incide en la toma de esta negativa decisión y es la disfuncionalidad familiar.Actualmente no se encuentra ese nucleo familiar en el que los adultos de estos tiempos se formaron, los niños viven como quieran vivir, los padres cada vez quieren ser más jóvenes y más parecidos a los hijos, cada uno vive en una dimensión diferente, no encuentran un punto de apoyo, no guían correctamente a sus hijos, no hacen control del consumo de redes sociales que contienen información que puede servir para bien o puede llevarlos a realizar malas acciones. Unos padres más conscientes de los peligros del mundo de hoy y con calidad de tiempo para sus hijos, es un llamado para acatar.

De otro lado, según los estudios, el suicidio también ocurre por contagio. En este aspecto, a la industria cultural puede atribuírsele cierta responsabilidad, pues tal como indica Internet Movie Database (IMDb) hay cerca de 11.636 películas cuya trama incluye un suicidio.

El sistema de salud también es protagonista. Un deficiente acceso a la atención en salud es considerado como un factor de riesgo, pues hay personas que requieren de un apoyo médico y la asistencia en muchas ocasiones es precaria. De hecho, la OMS indica que solo 28 países del mundo cuentan con una estrategia nacional de prevención del suicidio y Colombia no está incluida en este ranquin.

Ahora bien. La alerta más certera para indicar la necesidad de ayuda es el intento previo de suicidio; este es el factor de riesgo más importante de la autoeliminación.

Otra discusión versa sobre si el suicidio es hereditable o no. “Hay factores genéticos, pero no se hereda la conducta suicida; lo que se hereda son los factores de riesgo de la depresión, es decir, la tendencia a deprimirse o a tener episodios agudos – crónicos de depresión”, añade el psicológo Juan Carlos Bermúdez.

Factores protectores

Hablar de suicidio es un asunto serio. Muchos se cuidan de profundizar en el tema por no caer en la estigmatización. En el caso de los medios de comunicación sucede lo mismo. Muchas discusiones se han abierto en torno al uso adecuado de la información, pues hablar de este flagelo puede considerarse como un estimulo. Pero hoy se estima que abordarlo y hablar abiertamente puede ayudar a muchas personas que han considerado esta opción. Ayuda para la reflexión y la concienciación de que no hay probema sin solución.

En primer lugar, hay que estar muy atentos a las personas que nos rodean; los cambios repentinos de su conducta y personalidad pueden representar una alarma.

Procurar una comunicación asertiva con la familia, hijos, pareja, círculo de amigos, es un factor protector. También es indispensable fijarse un proyecto de vida sano con metas y objetivos a corto, mediano y largo plazo, pues está comprobado que cuando hay propósitos establecidos, los esfuerzos se enfocan en cunplirlos y salir adelante.

No acudir al aislamiento, incluirse en grupos sociales, practicar algún deporte, ser resiliente ante los conflictos y situaciones puede ayudar, “si enfocas aspectos positivos en la vida, disminuyes la posibilidad de hacerte daño”, añade Juan Carlos Bermúdez.

La religión como protector

“En la medida en que reconozcas que hay un ser superior al cual puedes acudir y en quien te puedes ayudar desde cualquier religión que se profese, es un factor protector porque hay un ser y una comunidad en quien apoyarte”, comenta la coordinanora de salud mental Jackeline Jack.

La religión juega un papel importante. Para un gran número de personas el sentido de la vida se encuentra en Dios y su espiritualidad. “Cuando la persona ama a Dios, ama al prójimo y a su familia, se ama a sí mismo. La religión le permite a la persona saber que como la vida es un regalo de Dios, solo él puede disponer de ella, no el hombre. No se puede ir en contra del proyecto divino”, asegura Emil Espinosa, padre de la iglesia Tres Ave María, de Barranquilla, con 29 años de experencia en la iglesia.

Acciones implementadas

Si bien es cierto que no hay una política pública definida para contrarrestar el suicidio y los problemas de salud mental en el país, el Estado ha realizado esfuerzos para prevenirlo. Acciones como las que se van a mencionar han sido replicadas en todo el territorio nacional.

Por ejemplo, en el municipio de Valledupar hay una mesa de atención, prevención y gestión del conocimiento del suicidio. Hay unas líneas de atención y prevención habilitadas las 24 horas del día, los siete días de la semana: las líneas son la 123 y 165, en las que un equipo interdisciplinario de profesionales brindan acompañamiento y asesoría a personas con conductas relacionadas con el suicidio.

Según la sectorial de Dimensión Convivencia Social y Salud Mental de la secretaría de salud de Valledupar, se han intervenido 35 instituciones educativas con acciones de prevención, hay tres centros de escucha en el municipio para que las personas conozcan que hay deberes, derechos y una ruta en salud mental.

También existen 6 insituciones de salud mental que incluye el tratamiento del uso de droga, consumo de alcohol, depresión y trastornos mentales. Asi mismo, se han realizado capacitaciones a medios de comunicación, docentes, profesionales de atención primaria en salud y madres comunitarias.

“La idea es trabajar juntos para prevenir el suicidio. Queremos que las instituciones, las comunidades, todos nos unamos para trabajar esto desde el individuo, la familia, la comunidad y la sociedad en general, todos debemos aportar a la calidad de vida, a la salud mental y al proyecto de vida digno y esto se logra con la práctica del afecto positivo y de la comunicación afectiva”, señaló Bermúdez.

Las alarmas están encendidas. El problema es de salud pública y todos son parte de la solución, desde el gobierno con el sistema de salud y la necesidad de implementar una política pública, hasta el manejo de las relaciones sociales, el clima familiar y la actitud positiva de cada individuo.

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