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El festival Vallenato y la campana de Gauss

Por: Antonio Córdoba Muñoz

arafaelcm@gmail.com

Toda empresa humana, de cualquier naturaleza – económica, social, cultural, etc. – describe con el devenir del tiempo una curva que representa su itinerario y que mide su comportamiento en relación con las metas logradas, dando cuenta de su éxito o fracaso según los objetivos propuestos.

Es frecuente que durante su período existencial la empresa acuse fatiga a causa de hacer durante mucho tiempo una misma actividad, sin retroalimentarse o introducir los cambios que la dinamicen y le hagan conservar su salud y vigor empresarial.

El físico y matemático alemán, Johann Carl Friederich Gauss, representó esta curva sobre un plano cartesiano mediante una gráfica en forma de una campana invertida, conocida como ‘La campana de Gauss’. Un punto sobre esta gráfica es la combinación de dos valores, uno sobre el eje horizontal del plano, o eje del tiempo, y el otro sobre el eje vertical, o eje del crecimiento, y mide el crecimiento o el deterioro de la empresa en el transcurso del tiempo. Los valores alcanzados pueden ser: bajo – medio – alto, partiendo de un punto inicial (0,0) hasta llegar a un punto de máximo crecimiento o esplendor, para luego iniciar el descenso en el sentido contrario: alto- medio – bajo, al otro lado de la campana, buscando el punto cero del eje de crecimiento, mientras se avanza sobre el eje del tiempo.

Campana de Gauss
Campana de Gauss

Si utilizáramos esta herramienta estadística para lograr un diagnóstico de los resultados de la versión 52 del Festival Vallenato, es probable que nos sorprenda encontrarlo en el punto de la gráfica donde comienza el descenso de su periplo vital. Y no se trata de arrojar dudas apocalípticas sobre el futuro de nuestro máximo evento folclórico, ya que esto es solo la alusión a un instrumento de medición de resultados, de ninguna manera inexorable, pero si la advertencia de síntomas de un cansancio estructural preocupante.

Después de más de medio siglo de existencia – tiempo durante el cual experimentó una vertiginosa metamorfosis al pasar de ser un concurso regional de  intérpretes de música vallenata en acordeón, en 1968, hasta ubicarse como uno de los eventos folclóricos más importantes de Colombia, que convoca año tras año al país político y nacional, alcanzando las cumbres de la internacionalización al trascender las fronteras patrias y ser declarado por la Unesco Patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad – es necesario hacer un alto en el camino y echar una mirada retrospectiva, más aún, cuando las estadísticas que miden sus últimos logros no muestran un panorama ciertamente alentador.

Sería mezquino desconocer que detrás del crecimiento de nuestra mayor efemérides folclórica y cultural se encuentra la gestión de muchos años, como único operador, de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, legado de la inolvidable Cacica: Consuelo Araujo Noguera, y de otras personalidades dedicadas a la causa del vallenato, pero es precisamente ese ‘gigantismo empresarial’ lo que amenaza con tragarse su connotación esencial: el Folclor y la Cultura. En los tiempos actuales da la sensación de que los responsables de tan delicada tarea se preocuparan más por los negocios asociados al ‘gran espectáculo musical’, nacional o internacional, que por el folclor y la cultura vernáculas.

Resulta curioso que durante esta última versión del Festival, la gerencia de la terminal de transportes terrestres de Valledupar registrara más salidas que entradas de pasajeros; la disminución de visitantes con respecto a años anteriores fue notoria: por primera vez, durante la existencia del evento, se cancelan espectáculos en el Parque de la Leyenda, y en otros escenarios, por baja demanda de entradas; los propietarios de hoteles, restaurantes, taxistas y comerciantes en general aseguran que las ventas no llenaron sus expectativas.

Todo lo anterior denota que el Festival está en la antesala de una crisis estructural que, por fortuna, no es irreversible si se adoptan las medidas necesarias. Ya la Campana de Gauss llama a una ‘Reingeniería’ del evento.

En primer lugar, y dado que la administración local asumió el control sobre las instalaciones del parque, se puede pensar en la creación de un ente municipal que, bajo alguna modalidad asociativa, coordine con el operador del evento, ojalá con la Fundación que lo ha manejado durante tantos años, u otra entidad pública o privada, todo lo relacionado con el evento.

Es necesario repensar el Festival, desde su promoción nacional e internacional y el desfile inaugural, hasta el desarrollo de concursos, la contratación de espectáculos musicales, el manejo del espacio público y el control de la especulación con los precios que tanto daño nos hace y que en esta ocasión fue de un 500% aproximadamente.

Sugeriría convertir el desfile inaugural en un gran mosaico cultural y folclórico del país, sin detrimento de lo nuestro, incluyendo cada diez o más grupos de piloneras una muestra del folclor de las distintas regiones de la patria: Carnaval de Barranquilla, Feria de las flores de Medellín, San Pedro del Huila, Carnaval de blancos y negros de Pasto, Grupos del folclor Llanero, entre otros, creando algunos subsidios y premios económicos para las delegaciones invitadas, así como medallas, placas, etc., esto sería colorido, divertido y educador al romper con el tedio de un desfile monotemático y extenso.

Es saludable continuar descentralizando el Festival, llevando algunas competencias a pueblos cercanos, además de Patillal, como: Manaure, Valencia, San Diego, Badillo y La Paz, sería un ‘plus’ para los turistas, sumergirse en el ambiente que alimentó la musa de nuestros juglares, disponiendo de transporte colectivo y chivas turísticas.

Finalmente, hay que democratizar el certamen, regresando, como en los festivales de antaño, a algunos eventos en espacios abiertos al público, sin costo alguno, y regalarle a la ciudadanía vallenata una gran fiesta en la Plaza Alfonso López, para celebrar con los nuevos Reyes y Reinas su victoria. Aplaudo la magnífica idea de haber creado, a partir de este año, categorías exclusivamente femeninas; era una deuda con el bello sexo.

 

 

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