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Derecha contra izquierda: el histórico duelo final por el poder en Colombia

 Duque o Petro. Nunca antes Colombia había tenido que definirse entre derecha o izquierda, y el rumbo que elija este domingo determinará la suerte de los acuerdos firmados con las Farc, que pretenden enterrar el último conflicto con guerrillas de América.

El derechista Iván Duque, del Centro Democrático o el exguerrillero Gustavo Petro, de la Colombia Humana; el regreso al poder de la derecha conservadora o el primer gobierno de izquierda: poco más de 36 millones de electores están convocados a un balotaje sin antecedentes.

Aunque el delfín político del controvertido y popular exmandatario Álvaro Uribe es favorito en las encuestas, Petro cree que puede revertir la derrota del 27 de mayo y convertirse en el primer presidente que gobernará sin la amenaza armada de las Farc en seis décadas.

Precisamente el pacto que desarmó a esa organización subversiva y evitó unas 3.000 muertes el año pasado, centra la campaña para elegir al sucesor del impopular Juan Manuel Santos.

La lucha contra la corrupción y el narcotráfico y el trato con Venezuela también entraron en esta disputa de la que, de paso, podría salir fortalecida la derecha en la región o revitalizar a la izquierda, tras los reveses en Brasil, Argentina y Chile.

El regreso del uribismo

A los 42 años, Duque podría llegar a ser el gobernante elegido popularmente más joven de Colombia desde 1872. El candidato del Centro Democrático tiene la misión de recuperar la Presidencia para la derecha más opuesta el Acuerdo de Paz.

De aspecto jovial, este excongresista, que triunfó en la primera vuelta con el 39% de los votos, tiene el apoyo de las élites políticas y económicas para lograr sus objetivos: modificar el pacto de paz de 2016, bajar impuestos a las empresas y liderar la presión internacional contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

En concreto, quiere que los jefes rebeldes culpables de delitos atroces paguen un mínimo de cárcel y no ocupen ninguno de los diez escaños parlamentarios del ahora partido FARC.

“Si una persona está en el Congreso y le ratifican una condena por crímenes de lesa humanidad debe dejar la curul”, advierte. También se propone endurecer las condiciones para el diálogo en curso con los rebeldes del ELN.

Si bien la primera guerrilla ya dejó las armas y participó en las legislativas de marzo -en las que obtuvo el 0,5% de los votos-, aún faltan por concretar aspectos claves del Acuerdo, como la verdad y reparación para millones de víctimas y las reformas rurales que buscan evitar nuevos conflictos.

De ser elegido, Duque tendrá mayorías en el Congreso para ajustar lo pactado, además del respaldo de los evangélicos y un sector ultraconservador que rechazan el matrimonio y la adopción gais.

Pero más allá de sus propuestas conservadoras, aunque liberales en lo económico, Duque es cuestionado por la influencia que ejercería Uribe, el senador más votado en marzo, en su gobierno.

“Ni soy títere ni Uribe es titiritero”, responde.

Aunque “Duque no puede explicarse sin Uribe”, en el algún momento “buscará autonomizarse de la figura” de su mentor, señala Andrés Ortega, politólogo de la Universidad Nacional.

El reformismo de izquierda

De 58 años y exalcalde de Bogotá, Petro lucha contracorriente para ser el primer presidente izquierdista de Colombia y sus 49 millones de habitantes, donde el 27% vive en la pobreza.

En la primera vuelta obtuvo el 25% de los apoyos y ahora para la segunda recibió la adhesión de un sector del centro, que fue la tercera fuerza en votos el pasado 27 de mayo.

Petro no solo se ha comprometido a honrar los acuerdos que condujeron al desarme de más de 7.000 guerrilleros, sino a “profundizar la paz” mediante una batería de reformas que incluyen desde altos impuestos para los latifundios improductivos hasta el tránsito hacia una economía no dependiente del petróleo y el carbón, y centrada en la producción agrícola.

Aquí “ya no es el tema de un acuerdo con la FARC, es la paz de Colombia, que Santos no quiso acometer porque implica reformas sociales a profundidad”, señala.

Este exguerrillero del extinto M-19, que asegura haber sido torturado por los militares, llenó plazas y convocó a multitudes de jóvenes con su programa contra el cambio climático, a favor de las minorías y con un enfoque menos represivo contra el consumo de drogas y los campesinos cocaleros.

Sin embargo, su discurso antisistema sirvió de pretexto para que los adversarios lo acusaran de ser un “populista” que busca implantar el “modelo fracasado” de Venezuela.

El Petro que arrancó esta campaña planteando una Constituyente para reformar la política y la justicia, terminó más moderado e incluso comprometiéndose a no expropiar y respetar la propiedad privada.

“La izquierda llegó a la final, es un triunfo fuerte pero no gana porque este país es demasiado de centroderecha”, opina Andrés Ávila, politólogo de la Universidad Javeriana.

Por:Elespectador.com

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