Usted esta aquí
Inicio > En Actualidad > Decadencia en la política

Decadencia en la política

Dentro de pocos días, contados días, habrá elecciones parlamentarias. Se trata de elegir a todo el congreso en pleno (278 congresistas: 171 representantes; 107 senadores, incluidos los de la Farc), un congreso que ha pasado, según los estudiosos de la materia, con más pena que gloria, brindándole a nuestro pueblo la apreciable oportunidad democrática de renovarlo, inclusive.

Si, la oportunidad es única, más aún cuando el país vive cacareando, en privado y en público la necesidad inaplazable de una cirugía radical para esa instancia legislativa “erigida en vergüenza y escarnio público”.

El Congreso de la República es, sin embargo, una miniatura cualificada de lo que es el país. Es el reflejo del país, se elige lo que da la tierrita. Lo más ‘democratizado’ en el país es, de lejos, la corrupción, quizás ya una cultura incubada ha rato en los órganos ejecutivo y legislativo, y por vía de metástasis también incubada en aquellos otros cuyo rol vital es controlar la enfermedad: justicia, academia, medios de comunicación, empresas privadas, gremios, inclusive el ciudadano del común, que ya ve ‘normal’ tantos desvaríos y muchos añoran integrarse a esa mafia. En fin, la sociedad tiene gangrena. Gangrena invasiva y absorbente.

En ese marco socio – político se darán las elecciones, primero las parlamentarias, y despuesito, las presidenciales, en primera y segunda vuelta, si a ello hubiere lugar. Es decir, tendrá Colombia un semestre copado por el proselitismo, las cábalas y los resquemores partidistas. Y, a juzgar por el nuevo congreso que se asoma (casi la cuarta parte con serios requerimientos éticos), después sobrevendrán años de la misma praxis y la misma cantaleta: inconformidad, protestas, rechazos, polarizaciones, desfalcos, violencia, anomia, maldiciones a ‘nuestra mala suerte…’

La fotografía nacional

Sí. Parece que nada suceda, que todo marchara sobre rieles, que nada amenazara con descarrilarse. Basta con mirar los mosaicos de cada departamento para percatarse que en casi todos ellos más de uno de los aspirantes son de ‘punible ayuntamiento’. No hay escapatoria. Brilla con su presencia la parentela (esposa, hijos, hermanos, cuñados) de los condenados por uno o varios tipos penales. Igual en Córdoba, Bolívar, Magdalena, La Guajira, Cesar, Sucre, que en el Valle del Cauca, Antioquia, los Santanderes, el eje cafetero y pare de contar…todo sin recato ni pudor alguno. Ni cosquillas les produce la alharaca mediática. Saben que esa turbulencia es ráfaga de un día; luego nadie lo recordará.

Sin hacer esfuerzos malabáricos, pueden percibirse las características decadentes de la política actual. Ausencia de partidos como organizaciones políticas estandartes de una concepción determinada de Estado. Imperio de la ‘cultura mafiosa’. Pérdida de confianza en las ramas del poder público. Ausencia de control político.

Los remedos de partidos políticos dominantes en el espectro nacional, desteñidos a rabiar y divididos en pedazos irreconciliables. Los más tradicionales, el Liberal (PL) (2’022.093 votos año 2014 y 56 congresistas) y el Conservador (PC) (1’944.284 votos año 2014 y 45 congresistas), con casi dos centurias a cuestas, ya no tienen fuerzas para arrastrar el bacalao de la historia creados por ellos mismos, que amenaza con aplastarlos.

Ah, eso sí, conservados sus cascarones como organizaciones políticas para disfrutar las mieles legales – avales, reposición de votos, participación televisiva, etc. – gracias a la vigencia politiquera de sus gamonales regionales.

Otros de reciente data vegetan como organizaciones, aunque subsisten por sus unidades. El Partido de la Unidad Nacional (U) (2’230.208 votos año 2014 y 58 congresistas), el más votado y el más oficial de todos los partidos por ser creación del propio presidente de la República, tan desbarajustado, no pudo encontrar siquiera quien lo representara en la emulación presidencial. Manga por hombro, muchos de sus militantes están dispersos entre las candidaturas de los otros partidos, y los otros, en el limbo.

Cambio Radical (CR) (996.872 votos año 2014 y 25 congresistas) es quizás el que mejor sabe mimetizarse, moviéndose a sus anchas, sin arrugarse, entre los pasillos palaciegos y la rusticidad opositora. Siendo de la misma cría de los tradicionales, los genes también marcan su derrotero: politiquería, corrupción, descrédito, lo que no es óbice para que mejore sus guarismos electorales en esta próxima contienda; inclusive, para alzarse con la presidencia de la república si los resbalosos astros se alinean a su favor.

El otro grande de la contienda actual, el Centro Democrático (CD) (2’045.564 votos año 2014 y 39 congresistas), gracias a su corte caudillista es, sin duda, el que presenta mejor estructura organizacional vertical, conservándose monolítico en su concepción. ‘Lo que diga Uribe’ es su principal consigna, denotando el grado de idolatría profesada hacía su jefe supremo, el ex presidente y actual senador de la República, Álvaro Uribe Vélez.  Por supuesto, procede de la misma matriz, explicándose los desvaríos politiqueros y corruptos conocidos entre muchos de sus militantes.

Desde luego, en el panorama nacional perviven otros ‘partidos’ que, si bien obtuvieron menor representación congresal habida cuenta sus guarismos electorales, su peso en la misión parlamentaria de control político se ha hecho sentir. El Partido Verde (PV) (564.663 votos año 2014 y 11 congresistas) es, de manera inequívoca, el de mejor comportamiento ético en cuanto su cuota de exposición judicial es menor. Obligado a ‘centrarse’ para no confundirse con la izquierda vergonzante, es el partido más coherente y el de menos resquemores internos.

El Polo Democrático (PD) (541.145 votos año 2014 y 8 congresistas) encarna la izquierda colombiana, caracterizada por la ferocidad de sus luchas intestinas que siempre los mantiene divididos. En los últimos lustros han saboreado y manoseado el poder gubernamental, y no han salido incólumes al propiciar el escándalo más escandaloso (el carrusel de las contrataciones) conocido en el país. Es decir, sus miembros gobernantes no han soportado los embates de la bacteria ‘corrupción’, que ya parece resistente a todos los antibióticos.

De sus toldas salieron a sombrerazos dos de sus íconos, Clara López, hoy aliada con el candidato del PL, y Gustavo Petro, primero en las encuestas presidenciales. López y Petro, en épocas de amores, conformaron e inscribieron al congreso de la República, para la muy próxima jornada electoral, la lista de La Decencia.

No podría cerrarse este capítulo eludiendo el nuevo grupo político, La Farc, surgido a consecuencia de los acuerdos firmados en La Habana, en virtud de los cual

es las Farc abandonaban la lucha armada y entregaban sus armas a cambio de participación política. Los compromisos de las Farc se han cumplido conforme a los protocolos previstos. La participación en política le permitiría a los desmovilizados, ipso facto, no sólo 5 curules en senado y 5 en cámara, sino también aumentar esa representación merced al proselitismo electoral que logren desplegar.

Desde luego, la presencia de este nuevo grupo en la arena política ha generado problemas, inclusive de orden público, pues el país aún respira por las heridas causadas por los crímenes perpetrados por el grupo guerrillero, heridas no fáciles de perdonar, y menos cuando ellos se comportan prepotentes y orgullosos de su pasado criminal, y menos cuando hay partidos políticos en contienda que azuzan el odio y el no perdón mientras los jefes guerrilleros no se sometan a la justicia y paguen en cárceles sus delitos.

¿Hay relevo en el congreso?

El lector desprevenido diría que sí, pues si una cincuentena de congresistas está hoy en la picota pública, significa que al menos esos no podrían regresar al congreso. Por fuerza, otros distintos ocuparían sus escaños.

El pero es que esos reemplazantes, al ser el cónyuge, hermano, hijo o sobrino, más que ‘heredar’ una curul fruto de una cota de poder obtenida por medios ilícitos, van es a garantizar el poder y las canonjías y los socios de quienes están judicializados, esto es, actuarán en cuerpo ajeno, y eso no es relevo por conservarse intacto el cordón umbilical entre saliente y entrante.

Grave para el futuro democrático que no surjan nuevos talentos y líderes capaces de mover ideas, de hacer propuestas innovadoras, con carácter definido que acentúe su independencia. Y más grave la ‘momificación’ de los nuevos, su declarado y no vergonzante actitud continuista para defender el statu quo del mentor encarcelado o judicializado.

Todo parece apocalíptico. Sin embargo, si bien el congreso como institución está desprestigiado en extremo, ha de reconocerse que algunos, no muchos, de sus miembros han logrado conservarse impolutos, sin claudicar en el control político que lucha justamente contra la corrupción. Son pocos, claro, pero esos especímenes saben sembrar la semilla de la dignidad, cuyos frutos podrían recogerse más temprano que tarde…

En el Cesar

La fotografía en el Cesar es bastante nítida, y más aún luego de leer los análisis magistrales hechos en esta misma edición por José Luis Bustos y Carlos Cesar Silva.

En síntesis, 8 cesarenses aspiran al Senado de la República. Uno de ellos, Antonio Sanguino, caracterizado dirigente del PV, seguramente alcanzará su curul más que por l

os votos que le depositen en el Cesar, donde es poco conocido, por la votación nacional y de opinión suya y de su partido. Recuérdese, en la actualidad es Concejal por el distrito capital (Bogotá).

Sergio Araujo Castro es una incógnita. Ya se ha probado en el Cesar, donde no ha salido bien librado pese a provenir de una casa política. Dicen que justamente por conocerlo. Sin embargo, hace parte de la lista del CD, encabezada por Álvaro Uribe Vélez, a quien le podrían votar cerca de 1 millón de personas, sobrándole votos para amparar quizás a las 20 mayores votaciones siguientes en su lista. De suerte que 20.000 votos pueden alcanzarle a Araujo. ¿De dónde? Al parecer, varios candidatos a Cámara estarían apoyándolo, entre ellos Jaime González Mejía (Cesar), el hijo del ex vicepresidente Pacho Santos (Bogotá) y una cámara en el Atlántico, más el trabajo que podría reivindicar de su hermana Conchi Araujo, alta funcionaria del Distrito de Bogotá (aunque se asegura de buena fuente que la Conchi no le vota a nadie).

Dos de los candidatos al senado juegan bajo el auspicio de una misma casa política (casa Gnecco), así aparezcan en partidos políticos diferentes; división creadora, dirían los suspicaces: José Alfredo Gnecco (PU), quien repite (se confía que esta vez con más gloria que pena), y Didier Lobo (CR). En las elecciones pasadas, José Alfredo obtuvo aproximadamente 97 mil votos, de los cuales 64 mil los obtuvo en el Cesar. Ambos podrían coronar con éxitos, pero por si acaso, la disputa es nariz a nariz.

Para la Cámara, hay dos listas que han dejado relegadas a las otras: la del PC, cuyo candidato Ape Cuello se la ha echado al hombro. Y la del PU, por la lucha pareja que libran 3 de los aspirantes: José Eliécer Salazar, con todo el apoyo de la casa Gnecco, Fawzi Muvdi y Cristián José Moreno. No es descabellado que alguna de estas 2 listas obtengan dos renglones, o al menos que los segundos renglones disputen curules con las listas de CR, encabezada por Eloy ‘Chichí’ Quintero, y la del PL, con Arturo Calderón.

Como para alquilar balcón.

Deja un comentario

Top