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De Tokio a Valledupar

Por: Rafael Valle-Mercado

Rafael Valle-Oñate

Después de estar asistiendo desde hace 45 años a los eventos internacionales de reumatología e inmunología, volví a disfrutar por cuarta vez de la ciudad de San Diego, una ciudad encantadora, metida en el corazón de California, adornada por su puerto y su zoológico, que nos hace vibrar con su naturaleza autentica.

Del congreso me llamaron la atención los nuevos criterios para diagnosticar el lupus, enfermedad que inflama todos los órganos del cuerpo y que todavía es un desafío su diagnóstico y tratamiento.

Durante esta exposición sobre cómo saber a ciencia cierta si alguien sufre de lupus o no, tuve la oportunidad de preguntar sobre el desempeño, el valor predictivo y la validación de dichos criterios, recordando mi participación en la elaboración de otros criterios para diagnosticar pacientes que tienen dolor en la espalda por muchos años, y por no saber que su enfermedad es una espondiloartritis, muchas veces son ignorados u operados sin necesidad, lo que los lleva a sufrir sin tener una solución o alivio a su dolor.

Estos criterios permiten a los médicos saber identificar más fácil y rápidamente una enfermedad específica y así poder iniciar un tratamiento adecuado y, por lo tanto, es un orgullo haber sido parte del selecto grupo de científicos de todo el mundo que redactaron esta publicación.

Al salir de la conferencia quise conocer al Dr. Yamamoto, de Japón, uno de los más destacados científicos en estas áreas de la reumatología y la inmunología. Sin embargo, no era fácil acercarme a él, ya que los japoneses se caracterizan por ser reservados y valoran su intimidad, en especial cuando no conocen a alguien, algo un poco diferente a nosotros los latinos.

A pesar de saber esto, aproveché un momento que lo vi sentado solo y no dudé en sentármele al frente. Me miró y hubo un silencio por un instante y, luego, sin darle tiempo para preguntar el porqué de mi intromisión, me introduje y empecé a hablarle sobre genética, inmunología y reumatología. No tomó mucho tiempo para que este reconocido galeno japonés se introdujera en la conversación y comenzara a instruirme con su inmenso conocimiento.

Fueron más de cinco horas de una interacción maravillosa donde pudimos compartir sobre ciencia, nuestras diferencias culturales, el arte, la música y muchos temas más. Pude profundizar en el Japonismo, que es el término que se le da a la influencia que tuvo el arte japonés en occidente. Resulta que, durante la Exposición Universal de Londres en 1962, de las cosas que más llamaron la atención de los asistentes fueron las artesanías y demás obras japonesas. Esta influencia se vio luego reflejada en obras, en su mayoría del impresionismo, de artistas de la talla de Monet, Renoir, Manet y Van Gogh.

Así mismo, el Dr. Yamamoto aprendió sobre el vallenato y sobre la hermosa región del Cesar, que cumple 50 años, la cual pude mostrarle desde el celular en videos de YouTube. Le mostré la final del concurso Rey de Reyes que se llevó a cabo para los 50 años del festival.

Este estilo de concurso le llamó mucho la atención y me preguntó si en Colombia existía algún concurso o premio que reconociera la labor de los reumatólogos. Le expliqué que en efecto sí existía, el premio Fernando Chalem, en honor a uno de los grandes internistas y reumatólogos que tuvo Colombia y Latinoamérica, quien llegó a ser presidente mundial de las sociedades de medicina interna.

– ¿Cómo saben quién se lo merece?, me preguntó. Le respondí que tenían en cuenta diversos criterios como las publicaciones, cargos de liderazgo, estudios, temas sociales y, en general, todo lo que aportara a la especialidad. Al oír esto, se quedó pensando unos segundos; luego, con un tono tímido y curioso, me preguntó si yo había sido uno de los seleccionados. Sonreí con orgullo y le dije que sí, que había tenido el honor de recibirlo y obtener el mayor puntaje de todos. Fue entonces cuando me dio una mirada picaresca y me dijo que si el premio llevaba más de 10 años se podía hacer como en el Rey de Reyes. Me causó mucha gracia cómo un japonés había llevado un concepto de nuestro folklor, a un contexto científico para hacerme un reconocimiento en esa mesa en el lobby de un hotel.

Y así fue como, entre historias, anécdotas y conocimiento, tuve una de las mejores charlas de mi vida junto a un colega que me enseñó muchas cosas, pero en especial aprendí que las culturas no tienen barreras, estas están solo en nuestras mentes.

 

 

 

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