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Crónica: Recordando a Jesús Alberto Palmera Guerra

Jesús Alberto Palmera Guerra,  falleció a sus 57 años, el día 12 de octubre de 2017 en la ciudad de Valledupar, y antes de su muerte, su amigo Federico Castro escribió una crónica en su honor recordando emotivos momentos de su vida. Esta es la historia:

Por: Federico ‘Fico’ Castro

Jesús Alberto Palmera Guerra, Chuni, como cariñosamente le llamamos, nació en Valledupar el 8 de noviembre de 1959. Es hijo de Remedios Guerra Villazón con un señor de apellido Palmera, natural de Becerril, que jamás conocí. Cuando nuestra querida y recordada Meme empezó a laborar en la casa de la plaza mayor de Dña. Josefina Castro Monsalvo, más o menos en 1962, llegó con sus retoños Chuni y Fredis Antonio Guerra Guerra, éste último hijo de Víctor Guerra, propietario de una importante arrocera de Valledupar.

No le conocí otro papá diferente al mío – Memo Castro-, quien lo crió, educó y trató como su hijo y para nosotros siempre ha sido un hermano.

Chuni cursó la primaria en la escuela Parroquial y la secundaria en la Industrial.

Desde pequeños fuimos unidos hasta en las persecuciones que nos hacían para castigarnos cuando nos portábamos mal. Compartimos juegos en la plaza, escapadas al pozo La Ceiba, donde aprendimos a nadar, o las vacaciones en la finca o en Manaure con los demás primos, ayudando a Mamafina en la recolección de café.

Él decía que quería ser cura cuando hacía de sacristán en la Catedral. Un día cualquiera Monseñor Roig y Villalba invitó a mi hermano Juan Carlos y a mí, a que fuéramos sacristán. Aceptamos y la experiencia fue interesante para nosotros más no para el obispo, porque éramos muy irresponsables, casi gamines. Nos presentábamos con balón y en vez de atender los asuntos religiosos nos dedicamos a jugar fútbol en el patio, bebernos el vino de consagrar, comernos las hostias y matar las palomas del obispado, quebramos varios vidrios de los ventanales de la catedral, situación que obligó a Monseñor a regresarnos a la casa, junto con Chuni, porque “éramos unas ovejas algo descarriadas que no teníamos inclinación hacia el sacerdocio”.

Al terminar el bachillerato, Chuni quiso ser médico como mi papá. Él se fue para Venezuela y estudió un par de semestres, pero no se amañó y regresó a Valledupar. Me preguntó que quería estudiar y le dije que quería ser abogado. Él escuchó las explicaciones y después de meditarlo un tiempo, me comentó que también quería ser abogado para defender a los más necesitados. Fue así como empezó su carrera. Se matriculó en la Universidad Libre de Bogotá en 1981 y culminó en 1985.

Durante la época universitaria vivimos en el apartamento de Mamafina, junto con mis hermanos y Simón Gnecco López. Fue un periodo inolvidable. Tuvimos muchas vivencias en deporte, fiestas y toda clase de actividades que cada día fortalecía y estrechaba nuestra amistad. Los domingos jugábamos fútbol con Jaime Araujo Rentería, los Araujo Castro y muchos amigos. En las fiestas era un gran bailador, con estilo de la época de la independencia y por eso le decíamos Simón Bolívar.

Se destacó por su sencillez, familiaridad, inteligencia, buen amigo y honesto. Asimismo, tenía carácter fuerte y buen juicio.

Al regresar a Valledupar, Chuni se vinculó al Banco Ganadero varios años. En esa época (1987) se casó con Patricia Castilla García, de cuyo hogar nació María Alexandra (Arquitecta) y Melissa Palmera Castilla (brillante abogada del Externado de Colombia).

Un día que nos encontramos en la casa de mi papá, me dijo que se había retirado del Banco y yo lo invité para que litigara conmigo en la oficina que tenía en el Edificio Agora, diagonal al Palacio de Justicia. También invité a mi amigo José Martín Bermúdez Cuello. Allá nos organizamos y litigamos defendiendo varios bancos de la ciudad y en general nos fue bien. Estando con ellos, recibimos a Jaime Castro Martínez con quien pasamos ratos muy agradables.

Durante el litigio, Chuni se ha destacado por ser de los mejores abogados de Valledupar. Sus alegatos son excelentes y en la mayoría de los casos sale victorioso.

Tiene muchos amigos que lo quieren, como el pollo Alvear, Germán Daza, Arelis Benavides, Álvaro Cuello, Turo Gómez, Tronco Bermúdez, Simón Gnecco, José Alfonso Araujo, Fernando Herrera, Edgardo Lacera, Juan Bernardo Ariza, Jorge Canales Medina, Mando Araujo Baute y muchos más que se me escapan, por su condición humana llena de muchas virtudes que lo hacen un hombre grande.

Se dedicó también a la docencia. Dictó clases de derecho en la universidad popular, La Andina y la Udes. Sus alumnos lo quieren por su rectitud moral y la claridad que tiene para enseñar.

Paralelo a la profesión organizó un aprisco en una finca que tiene con Jorge Canales Medina en la región de Media Luna. Sus carneros han sido galardonados en distintas ferias y cada día su negocio coge fama.

En el año 2015 viajé mucho con él a Riohacha donde atendimos una sucesión. En el camino comentábamos de todo como hermanos. En el mes de marzo de 2017 me llamó para verse conmigo porque había tenido un percance en su salud; que estaba en Pueblo Bello con unos amigos y de pronto al caminar empezó a sentir debilidad en una de las piernas y se cayó. Me explicó que lo internaron en una clínica de Valledupar y le estaban haciendo una serie de exámenes para determinar qué le estaba sucediendo.

Los exámenes practicados fueron desalentadores: Un tumor en el cerebro. Le iniciaron quimioterapia y terminando el tratamiento fui a visitarlo. Me gustó su actitud de gladiador. Cuando me vio se emocionó y hablando con dificultad me dijo que estaba luchando fuerte con la enfermedad porque quería vivir. Me conmovió y solamente le dije que nunca perdiera la fe, que los hombres grandes mueren de pie. Le alegré la tarde y me despedí.

Desde entonces, Chuni ha tenido una lucha sin cuartel que lo ha debilitado; tiene afectado otros órganos y solo Dios sabe cuándo se lo llevará a su reino.

Me da mucha nostalgia escribir. Sé que no podrá leer este escrito por el estado crítico en que se encuentra. Solo me resta decir que Chuni ha sido un guerrero de mil batallas, un hombre orgulloso de su mujer y sus hijas, un ser valioso que dejó huellas imborrables en los corazones de quienes lo queremos.

 

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