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Colombia y su locura de seguir con lo mismo

Por: Walter Von Roestel Artuz*

wallyvonro@hotmail.com

Hace poco me encontré con esta cita: “La definición de la locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Lo primero que se me vino a la cabeza fue la sociedad colombiana. Estamos empeñados en buscar un cambio real para nuestra sociedad…pero siguiendo los mismos pasos desde hace 50 años.

Acaban de pasar unas elecciones, bella oportunidad para un cambio necesario. Y ya viene el mundial y la esperanza ahora es ser campeones (ya sé que pido mucho, pero la esperanza es lo ultimo que se pierde).

La política y el futbol, tan distantes, pero terminan encontrándose. Y el caso de nuestro país no es diferente al resto. Es más, tiene muchos más matices de lo que creemos. Vámonos un poco hacia atrás, 5 de septiembre de 1993, noche fría y tensa en Buenos Aires; se enfrenta la Argentina del gran Diego y la tricolor del melenudo Valderrama. Pongan ese pensamiento en pausa un momento, ahora también tengan presente el 26 de septiembre del 2016, tarde cálida y amena en Cartagena, se va a firmar el contrato más importante para la historia colombiana.

En esa noche porteña, el combinado colombiano estuvo de maravilla, endosándole un escandaloso 5 a 0 a la selección del mejor jugador de todos los tiempos, dejándonos en lo más alto para clasificar ir almundial y, sobre todo, con esperanza de levantar esos 6 kilos de oro  convertidos en trofeo.

Sería una tarde común y corriente en Cartagena si no fuera por la ola de 2.500 personas, vestidas completamente de blanco, que llenaba el patio de banderas del Centro de Convenciones. Al igual que el partido, la firma es un show que trae de vuelta la esperanza, no es una esperanza de levantar algo tangible como una copa, pero si de levantar una sociedad de la miseria de la guerra.

Los dos escenarios fueron completamente perjudiciales para los colombianos. Qué ingenuos fuimos al creer que por una goleada a una selección campeona podríamos ser nosotros los futuros campeones; peor aún fue creer que la firma del acuerdo de paz más importante en la historia de occidente, lograría que nuestra sociedad cambiara y prosperara.

Ustedes se preguntarán adónde quiero llegar con esto. Este es el punto: Colombia es un país sumergido en el triunfalismo, pero también en el miedo al cambio para ser mejor. “El que no arriesga, no gana”, dice una máxima popular. Colombia simplemente no arriesga para ganar, prefiere quedarse enfrascado en lo que fue, creyendo que así va a poder volver a ser.

Y eso queda demostrado tanto en nuestras elecciones últimas, como en la selección que va para Rusia. Estos meses de elecciones no paraba de escuchar las típicas frases de cajón para escoger presidente: “por un mejor país”, “para que Colombia salga adelante, hay que votar por Duque”. Me pregunto, cómo votar por Duque es votar por un país mejor. Ni siquiera basándome en la premisa de ‘arriesgar para ganar’ es válido votar por él.

Muchos dirán que es una apuesta por el hecho de que es el más joven y no tiene la experiencia necesaria; pero, sinceramente ¿ustedes creen que presidirá el país en forma autónoma? No digo que vaya a ser el títere del ex presidente Uribe, pero tampoco puedo tapar el sol con un dedo y decir que se va a separar de él. Y es ahí el problema, que queremos seguir adelante, pero terminamos moviéndonos en círculos. Es imposible prosperar si vamos a tener al mismo tipo y las mismas ideas gobernándonos por doce años. Sir Bernard Shaw lo dijo alguna vez, “Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo… y por los mismos motivos”.

Ahora bien, mirando hacía al otro lado, tenemos a nuestra queridísima selección. Después de años de sinsabores nos ha regalado la oportunidad de sentarnos frente a un televisor sin tener que pensar por cuál equipo ser hincha, tal como nos pasó en Alemania 2006 y Suráfrica 2010. Después de una excelente participación en Brasil, Colombia se va a Rusia jugándose casi las mismas cartas de hace cuatro años, por lo cual no le tengo mucha fe. Mientras equipos como Brasil, Argentina, incluso España, optan por un relevo generacional, nuestra querida selección sigue depositando sus esperanzas en los mismos jugadores de siempre, a pesar de que muchos ya no están aptos para la tarea.

A mi gusto, Ospina está igual de quemado a Vargas Lleras. Su actuación frente a Francia lo demuestra, sin contar las participaciones en el Arsenal, donde los hinchas ‘gunners’ tampoco están muy felices con él. Prefiero mil veces a Iván Arboleda, golero de Banfield. Otro en la lista de quemados es Abel Aguilar; fue el mejor 5 de Colombia por mucho tiempo y me hubiera encantado tenerlo en el Junior, pero esa época ya pasó, aunque el único que no lo vea sea don José, dándole oportunidades a un jugador que ni en el deportivo Cali da pie con bola. Es hora de jugadores más jóvenes y explosivos, jugadores como Gustavo Cuellar o, incluso, Víctor Cantillo, que fue revolución en estos dos semestres con el cuadro tiburón.

Ahí esta el problema del colombiano: ama ganar, pero odia cambiar. Mientras esa dualidad siga entre nosotros, no llegaremos a ningún Pereira, como dicen por ahí. No esperemos cambiar si seguimos con lo mismo, ese tipo de locura no nos sirve. Nos sirve un loco que golpee la mesa y cambie el esquema para mejorar y que por fin podamos decir ‘estamos avanzando’.

* Estudiante de periodismo. Universidad Javeriana

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