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CEREBRO, MÚSICA Y FESTIVAL VALLENATO

Hace 20 años, cuando se me ocurrió hacer un congreso científico durante el Festival Vallenato, mucha gente pensó que era una idea loca, seguramente porque lo científico parece no tener que ver con lo cultural.

Sin embargo, yo tenía mis razones, dentro de las que se encontraban promover a Valledupar y su cultura, tanto a nivel nacional como internacional, y además mostrarle a mis colegas extranjeros lo que para mí es el Festival: una experiencia donde la empatía, la alegría y el sentimiento que se viven son algo inexplicable.

Pero resulta que estos conceptos sí tienen una explicación; esto lo entendí cuando empecé a interesarme por el estudio de las neurociencias, que explican científicamente de dónde salen nuestras emociones y sentimientos. Resulta que estos sí se forman en nuestro cerebro y no en el corazón, como muchos creían hasta hace 50 años.

Hace 5 décadas, justo cuando Consuelo Araujo, el maestro Rafael Escalona y el ex-presidente Alfonso López iniciaron las actividades del festival vallenato, se desarrollaban al otro lado del mundo las tecnologías modernas con las que se puede ver la actividad cerebral. Se descubrió que en el cerebro existe un conjunto de estructuras que forman el sistema límbico, compuesto por el tálamo, el hipotálamo, el núcleo caudado y sus conexiones con el área pre-frontal y que cada una de estas estructuras tiene unas funciones específicas como controlar la memoria involuntaria, los instintos sexuales, el hambre, la atención y las emociones (como la ira y el miedo).

La música es procesada por los hemisferios derecho e izquierdo. Parece ofrecer un nuevo método de comunicación arraigada en emociones. La melodía parece mediar un dialogo más emocional. Otra parte del cerebro, conectada con el sistema límbico, y que tiene relación con las emociones, se llama la ínsula. Esta parte tiene que ver esencialmente con la empatía (la capacidad de ponernos en los zapatos de los demás), lo cual es fundamental para la convivencia y el desarrollo de las sociedades.

Todas estas teorías y hallazgos de la ciencia los hemos comprobado en la ciudad de Valledupar, donde durante 5 días nos convertimos en ejemplo de integración entre los miles que participamos y gozamos del festejo. Y todo esto pasa alrededor de la música. Cuando escuchamos música ocurren varias cosas: se activan múltiples áreas de nuestro cerebro, se produce una hormona llamada oxitócina, la cual se relaciona a la felicidad, y se libera dopamina, una sustancia asociada al placer.

Pero la música va mucho más allá de generarnos simple placer; algunas teorías muestran que la música tiene que ver con la empatía: en las sociedades prehistóricas la música pudo servir para que las personas se movieran juntas, ya que al moverse al unísono fortalecía los lazos generando mayor unión y confianza.

Los primeros escritos que hablan de la influencia de la música sobre el cuerpo humano son unos papiros egipcios del 1500 AC, donde se muestra a la música como algo capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma. Por eso nos sentimos tan conectados cuando disfrutamos de los sonidos emitidos por acordeoneros de la talla de Alejo Durán, Colacho Mendoza, el Cocha Molina, Hugo Carlos Granados, Emilianito Zuleta y todos los otros reyes,  acompañados de voces como la de Diomedes Diaz, Poncho Zuleta y Jorge Oñate y muchos más, cientos de acordeoneros y de cantantes.

Si bien las investigaciones sobre musicoterapia todavía no han tenido un avance significativo, no se puede subvalorar el poder de la música inclusive en nuestro sistema inmune, ya que algunos estudios han demostrado que ayuda a bajar los niveles de ansiedad y contribuye a la producción de defensas.

Se han observado resultados satisfactorios en el manejo de pacientes con trastornos neurológicos, del movimiento, dificultad en el habla y en niños con ciertas discapacidades. Puede ser una herramienta poderosa para el tratamiento de muchos de estos trastornos. Al activar casi todas las regiones del cerebro, puede ayudar a los pacientes a recuperar habilidades lingüísticas y motrices. Puede favorecer la neuroplasticidad.

Como podemos ver, las neurociencias nos ayudan a entender un poco mejor lo que ocurre durante un Festival Vallenato, pero siempre faltarán explicaciones para entender el enigma del realismo mágico que nos representa como cultura. Por el momento, disfrutemos todos los días un vallenato que nos haga vibrar, conozcamos nuestra historia vallenata y sintámonos orgullosos y, por supuesto, gocemos de un Festival que llega con sus bodas de oro y promete ser inolvidable.

Por: Rafael Valle-Mercado y Rafael Valle-Oñate

 

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