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Casos que conmocionan…

Por asombroso que parezca, lo más grave de la salud en el Cesar parece no ser la adulteración de medicamentos, ni tampoco, quién lo creyera, la vida de los pacientes de  centros clínicos, que corren el riesgo de ser tratados con tales medicamentos adulterados.

El caso reciente de la clínica Laura Daniela, puesto en evidencia por un programa de televisión de cobertura nacional, es apenas uno de los tantos episodios que nutren la historia ingrata de la medicina actual, desvestida de principios éticos, reemplazados por oropeles utilitaristas de enriquecimiento fácil y rápido. Ya son exóticos los médicos; ahora pululan los mercaderes de la salud. No son todos, pero son tantos que hacen pagar justos por pecadores.

Algunos dirán que los utilitaristas son apenas los dueños de clínicas, aquellos pocos con afanes monopolistas que para enriquecerse no solo escatiman pagar justos y oportunos salarios; también escatiman invertir en medicamentos legales, prefiriendo los chimbos para ganarse millones y billones de pesos. Poco les importa la vida de los pacientes, así éstos sean infantes, como los 16 fallecidos probablemente por aplicárseles un medicamento, Synasis palivizumab (Survanta), que en vez de aliviarlos les colapsó los pulmones.

La cuestión es grave, qué duda cabe. Y lo es más todavía el que muchos sepan, inclusive de tiempos remotos, que eso de aplicar placebos o medicamentos chimbos para ganarse la diferencia astronómica de precios es práctica ya extendida al socaire de la tan cacareada impunidad. Como nadie investiga, controla y sanciona, qué más da, dirían. La reputación se enjuaga con plata, es la convicción que los estimula.

De hecho, se afirma con propiedad que la misma marca de medicamento – Survanta –  fue apresuradamente escondida en otras varias clínicas de la ciudad al filtrarse la información del allanamiento intempestivo practicado por la fiscalía en la clínica Laura Daniela, ocasión en la cual le decomisaron varias unidades adulteradas. ¿Cómo evitar la suspicacia cuando, en una visita anterior practicada a la clínica Laura Daniela por la secretaria de salud departamental (22 de noviembre), no se hiciera mención del venenoso medicamento?

El caso arriba mencionado es apenas uno de los tantos, pero es sintomático. Radiografía de cuerpo entero la salud del sistema de salud colombiano. La radiografía seguramente será más nítida dentro de unos pocos días, cuando se conozcan los resultados de la ‘investigación exhaustiva’ adelantada sobre el particular. Ya muchos vociferan el sentido del fallo: ‘la causalidad del fallecimiento de los infantes no fue precisamente el medicamento adulterado’. Cuando el río suena… es decir, las madres se quedarán sin hijos y sin el consuelo de la justicia.

Ha de insistirse. La responsabilidad recae en todo el engranaje institucional que permite la ocurrencia de hechos vergonzosos de esta naturaleza. En los propietarios y dignatarios de las clínicas que actúan para enriquecerse, muchas veces conformando empresas fantasmas, de garaje, para fabricar medicamentos non sanctus y auto comprarlos. En los médicos, paramédicos y otros funcionarios que con su silencio validan tal atrocidad. La sociedad misma, ya acostumbrada solo al susurro… y en los organismos de vigilancia y control que brillan por su ausencia, fertilizando la impunidad y alimentando el delito y la muerte.

Es necesario y urgente recuperar la credibilidad y confianza institucional. A los desafueros de los particulares, la oficialidad no puede hacerle el quite porque fungiría como alcahueta y cómplice necesaria. A propósito, para esas calendas la oficina coordinadora de la vigilancia y control de medicamentos de salud departamental parecía más muda, más ciega, más sorda… el análisis cronológico de los hechos deja muchas dudas o más bien la certidumbre de una vigilancia y control complacientes.

Si, conmociona la displicencia de la secretaría de salud. ¿Por qué la oficina de vigilancia y control no investigó con rigor los hechos denunciados, limitándose a una visita y al levantamiento de un acta anodina anotando solo irregularidades irrelevantes, sin mención de los medicamentos adulterados, no obstante haber sido suficientemente informada? ¿Cómo es posible que 16 fallecimientos de infantes, ocurridos entre junio/2016 y febrero/2017, no la hubiesen pellizcado pese a los escándalos suscitados?

A propósito, debería investigarse el porqué del porqué: ¿No se investigó a la clínica por el pánico que irradia su propietario a juzgar por la histérica negativa de la coordinadora para firmar la resolución de apertura de investigación, o acaso por proteger la permanencia de su hija como médica en la clínica Laura Daniela? ¿Por qué no se declaró impedida? Averígüelo Vargas.

enfoquevallenato@gmail.com

 

 

 

 

 

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