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AÑORANZAS DE CARNAVALES

Foto: Referencia

Los carnavales son fiestas liberadoras, mundanas, celebradas centenariamente en muchas partes del mundo, pero arraigadas y famosas sobremanera en Barranquilla, Rio de Janeiro, New Orlands, entre otras ciudades del mundo.

La fiesta les rinde homenajes a los reyes Momo (sarcasmo, burla, sátira), Baco (ron) y Arlequín (disfraz), quienes son los patrones del desorden. La máxima de los carnavales es “atrévase, todo está permitido, excepto prohibir algo”. Para facilitar la ‘liberación’, es o era usual el disfraz, los capuchones en Valledupar, la maicena y todas aquellas expresiones encaminadas a satirizar o caracterizar un hecho o personaje determinado.

Por costumbre, la fiesta inicia en barranquilla con el pre carnaval, una antelación del festejo oficial, sirve para calentar el famoso bullerengue (los carnavales); en esta etapa se llevan a cabo los viernes de guacherna y los sábados de caseta, después se gozan cinco días oficiales de carnaval, que terminan el día martes con la muerte de Joselito Carnaval y su consiguiente velación, que tiene la virtud de hermanar a sus innumerables viudas requebrando a moco tendido la muerte de su amor. El día siguiente, miércoles de cuaresma – 40 días antes de la Semana Santa – era aprovechado, al menos en Valledupar, para la mojazón, agua a granel para todo el mundo para lavar los pecados carnavaleros.

En Valledupar esta fiesta fue tradicional, celebrándose desde quizás a principios del siglo pasado; es decir, hay historia que honrar… Quienes relatan su historia, recuerdan a carnavaleros insignes como Oscar Pupo Martínez, Evaristo Gutiérrez, los hermanos González, Carlos Vidal, Víctor Cohen, Leonel Aroca, ‘El Salvita’, Víctor Camarillo; de más reciente data, a Rodolfo Campo Soto, Álvaro Muñoz Vélez, Fausto Cotes, Bore Luque, Alfonso Vidal, Bony Maestre, Rodrigo Tovar, Efraín Lacera, Sanín Murcia, el ‘Compita’ Jácome, Orlando Torres, César Maestre, Abelito y Adalberto Verdecia, Jaime Olivella, William Quiroz, iconos de este jolgorio, quienes con la alegría del carnaval salían a las calles a contagiar al pueblo de baile, música, maicena y reinas.

Sanín Murcia, cachaco vallenatizado, uno de los primeros participes de la creación del carnaval en Valledupar, cuenta que sus primeros carnavales fueron en 1955; le gustaba echarse maicena, pero un domingo de carnaval todo cambió. Junto a un grupo de amigos, llegaron a la conclusión que perdían el tiempo y que debían organizar la fiesta; fue así como le dieron forma al carnaval.

Murcia se fue para La Paz (Cesar) y compró unos instrumentos; formaron la banda Los Pica Piedras. “Ensayábamos en mi casa y en uno de los ensayos le escuché la voz a Carlos Vidal, quien tocó mi puerta y dijo: “ve, y ustedes qué están haciendo que no me han invitado, yo tengo que hacer algo aquí…” a lo que Sanín Murcia le respondió: “bueno, usted es el director, adelante…”.

Después de eso, Los Pica Piedras salían a tocar por todas las calles de Valledupar, alegrando los desfiles de las reinas, adornados de coloridos disfraces que llevaban las comparsas y llamativas carrozas, cuyo herraje era hecho por el mismo Murcia y la decoración por el maestro Augusto Cárdenas, más conocido como Castellanos, el ebanista más importante de la región; los indios arhuacos, el caimán, los pica piedras y el elefante, fueron de las carrozas más representativas que hicieron gala en los desfiles de carnaval.

En los primeros tiempos, unos 60 años atrás, la vanguardia carnavalera la llevaba el Club Valledupar, cuya reina oficial era a su vez la reina central del carnaval de Valledupar. Para esa misma época, eran famosas las casetas o salones – Salón Central, La Pollera Colorá, Rancho Alegre, Broadway, Brasilia, entre otros – donde sin discriminación todos acudían, las mujeres encapuchadas, a gozar de las fiestas de día y de noche, amenizadas por agrupaciones nacionales e internacionales: Reyes Torres, Pello Torres, La Cieguita, Pastor López, a más de las famosas orquestas de Colombia y Venezuela, inclusive de Puerto Rico y República Dominicana.

Tiempo después, con el crecimiento de Valledupar, se popularizó aún más los carnavales. Las reinas eran escogidas por los barrios, concursando entre sí para obtener la investidura de Reina Central; cada barrio armaba su caseta, amenizada en esta etapa por los conjuntos vallenatos de la época: Hermanos Zuleta, Hermanos López, El Binomio de Oro, Los Betos, y pare de contar. Famosos entre todos, los carnavales del Cañaguate, con Blanca Sánchez como reina, y la del San Joaquín, con Palmina Daza, su reina.

Los desfiles eran derroches de colorido, alegría y mucha paz. En la actualidad, lastimosamente, el carnaval ha ido perdiendo su auge, tal como lo relata Jaime Olivella, ex presidente de la junta directiva del carnaval. “El carnaval fue desapareciendo desde que los alcaldes politiqueros empezaron a nombrar en la junta del carnaval a sus áulicos, quienes, en vez de hacer carnaval, lo que iban era a buscar votos. Sin embargo, hoy sus organizadores tratan de cobrarle fuerza al carnaval, pero la seguridad no colabora; muchas personas no van a carnavalear, sino a hacer cosas no apropiadas para una fiesta de carnaval…”

Las Reinas

Por supuesto, en esta remembranza carnavalera no podemos olvidar a las reinas, las figuras del carnaval.

Después de su elección, la candidata no solo recibía su cetro y su corona, también un brazalete de oro y en ocasiones el apoyo de la junta directiva para estudiar, porque la reina no solo debía destacarse por su belleza y alegría, también por su desarrollo intelectual.

Carlos Calderón, un gran gestor carnavalero, afirma que “…a pesar de que el carnaval vive un detrimento, en sus momentos de esplendor tuvo reinas incluso más destacadas que las representantes del Cesar al reinado Nacional de la belleza; por ejemplo, Gloria Pumarejo de Ovalle, Cecilia Pupo, Astrid Baute Uhia, María Inés Castro de Ariza, Palmina Daza Daza, Yoleth Carreño, Blanca Sánchez Vásquez,  Beatriz Herrera, Elizabeth Daza, Mirian Herrera Hazbun, Zulai Sánchez, Libis de la Ossa, Yulibeth Mendoza, Mónica Palma y Tatiana Calderón Vega. Ellas tejieron parte de la historia del carnaval, cuando era pleno, cuando existían los grandes desfiles, las grandes comparsas, las carrozas y las guachernas”.

En el presente año se ve un ‘coleteo’, un revivir de los carnavales. Se siente en el ambiente: no solo abundan casetas comerciales en diversos barrios – La Cañaguatera, La Batea, Tamarindo, Sol y Luna, El negro Solis – sino también las privadas, la reunión de grupos de amigos reunidos para hacer remembranzas de sus carnavales. La Shangay tiene su caseta, con Catalina Primera; otra famosa la lidera la reina vitalicia Solfany Primera en su caseta ‘Yo No Bebo Gorriao’, que está marcando la parada.

“Las reinas son una pieza clave dentro del carnaval porque son las que motivan a las comunidades para realizar las diferentes actividades programadas, llevándole alegría, unión y derroche de felicidad a su gente”. Carlos Calderón.

Ellas hablan de su experiencia.

Gloria Pumarejo de Ovalle reina del Club Valledupar 1958

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“Me coroné reina del carnaval el 5 de febrero, la carroza se llamaba Calláte Corazón en honor a una canción de Tobías Enrique Pumarejo. Ese día lucí un vestido de un diseñador de Barranquilla; me hicieron gala unas princesas el día de la coronación, para ese entonces Oscar Pupo Martínez era el presidente del Club Valledupar, el evento se llevaba a cabo en el antiguo Teatro Cesar. Para el día de mi coronación mi papá, Tito Pumarejo Gutiérrez, organizó una fiesta en su casa, nosotros vivíamos diagonal al balcón de los Ustariz. Pero el recuerdo más vivo fue la canción que me compuso mi tío Tobías Enrique Pumarejo, “A la reina Gloria”.

Yoleth Carreño – Reina de El Cerezo 1976 

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“Recuerdo que cuando participé como reina del carnaval, las comparsas eran muy vistosas, organizadas; destaco que parte de ese trabajo se le debe a Chicho Ruiz. En mi año, el motivo de mi comparsa fue una caldera. Tengo los mejores recuerdos del carnaval, porque era una alegría colectiva, era una fiesta sana donde se lograba la integración del pueblo, con la alegría características de las bandas, las tamboras, el derroche de disfraces y maicena. También recuerdo que el premio que recibí fue un brazalete de oro de la joyería moderna de Barranquilla”.

Por: Elisa Diazgranados Sanjuán

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