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Análisis político. La suerte parece echada

La suerte parece echada, pues, al menos en muchos entes territoriales nacionales, a juzgar por el comportamiento coincidente de las últimas encuestas. Aunque se respiran vientos democráticos – al fin y al cabo, el voto popular dirimirá las confrontaciones personales, partidistas y, en casos exóticos, programáticos – ad portas a la elección de gobernantes y cuerpos colegiados departamentales, distritales y municipales, también se otean vientos enrarecidos justamente por la alta degradación (¿quizás depravación?) de un proceso electoral.

La crisis de la política colombiana es estructural, sus vicios nacen con ella, acrecentándose sin cesar con el correr de los siglos. Las fronteras ideológicas se difuminaron ha rato, la inhibición moral desapareció del menú nacional, llevándose de por medio los controles legales y sociales; de paso, somete cuanto se mueve a su alrededor. Y quien mejor pesca en ese río revuelto es, por antonomasia, el ejercicio político, minimizado a su expresión politiquera.

El país es consciente de esa postración pero se ha negado a tratarla ‘médicamente’, haciendo fracasar cuantos intentos legislativos por mejorarla se han hecho. Sin duda, ese rechazo es síntoma inequívoco de la infección gravísima que la discapacita. Se prefiere, lógico, moverse en rededor de casas o empresas electorales desprovistas de principios éticos rectores y, por consiguiente, de programas que diferencien una candidatura de otra.

Por supuesto, para el político lo importante es conservar, sin interesar a qué costo, las cuotas de poder que el mismo poder reproduce, cuotas de poder que lo enriquecen en proporción inversa al empobrecimiento y pauperización de la colectividad, que cada día dispone de menos salud, menos educación, menos saneamiento básico, menos empleo, menos seguridad y menos auto estima para reclamar sus mínimos derechos.

Pese a todo – como parte de una dinámica de supervivencia natural – se asoman y brillan, aquí y allá,  algunos liderazgos que simulan moverle el piso al status quo arriba mentado. Las victoriosas candidaturas independientes de elecciones pasadas, léase Bucaramanga, Cali, entre otras, seguramente se sucederán esta vez en mayor cantidad, lo que se erige como una tenue luz al final del túnel.

Aproximación nacional

 

Bogotá, como capital del país, es también el centro de la polarización padecida por el país (uribistas vs anti uribistas, sin grises). En ese contexto, la candidatura de Claudia López (Partido Verde, centro izquierda, mujer indomable y verbo combativo) luce indestronable. En torno suyo se agrupan prácticamente las fuerzas que enfrentan a la derecha (Centro Democrático, conservadores, liberales, seguramente Cambio Radical, etc.), encarnada esta vez en el joven Miguel Uribe Turbay, hijo de la inmolada Diana y nieto del ex presidente Turbay Ayala, continuista radical del actual gobierno distrital de Bogotá, como quiera que fungió como secretario de gobierno.

Sin embargo, una candidatura ‘independiente’, la de Carlos Fernando Galán Pachón, puede ubicarse por lo menos de segundo y constituirse en el palo de la contienda. La figura emblemática de su padre, el inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento, asesinado cuando disputaba la presidencia de la República, aún pesa lo suyo en el imaginario colectivo nacional, con más veras cuando ha crecido exponencialmente el poder corruptor de la mafia, incluida aquella incrustada en la política. En esa intensa oscuridad, en una comunidad como la capitalina, donde sienta sus reales el voto de opinión, la lucecita que enarbolaba Galán Sarmiento puede ser vivificada por Galán Pachón.

En Medellín y Cali la contienda luce intensa, igual que en los otros departamentos, disputándose los partidos políticos la primacía regional.  Bien saben ellos, los caciques de los partidos, que su poder nacional está cimentado en el mayor volumen de poder alcanzado en las regiones.

Aproximación regional

En Barranquilla se afianza el clan de los Char, un poderoso grupo empresarial (dueños de las supertiendas olímpicas, SAO, emisoras Olímpicas, Junior (futbol), etc.) y que también incursiona, aunque con algunos tropiezos, en la política (Fuad y David Char, congresistas, han sido cuestionados judicialmente por diversos delitos).

Sin embargo, el delfín Alejandro Char ha marcado un hito en la historia de la ciudad al devolverle, en lo ético como en lo estético, la buena y emprendedora imagen. Unos lustros atrás, Barranquilla era la puerta estiércol de Colombia: todo lo deleznable entraba y enraizaba en la ciudad, siendo el ejemplo estigmatizante. Hoy ha recuperado su prestigio de puerta de oro de Colombia gracias a una sociedad civil dinámica, comprometida y organizada que ha sabido construir capital social.

Alejandro Char es uno de los consentidos de ese capital social. Dos veces alcalde de la ciudad con los más altos niveles de popularidad y aceptación (cerca al 90%), erigiéndose en lo nacional como un barón electoral, con supremacía en la costa atlántica, al punto de encasillarlo como probable candidato presidencial.

Además, tiene poder endosante de votos. Su candidato a sucederlo, Jaime Pumarejo, ex ministro de obras, muy seguramente será el triunfador en esta disputa electoral al sumárseles casi todas las fuerzas importantes de su circunscripción. Igual acontece con la candidata a la gobernación del Atlántico, Elsa Noguera, ex alcaldesa de Barranquilla, ex ministra de obras: los analistas de la política la dan como virtual ganadora.

Donde parece no sonreírle la suerte al clan Char es en el departamento del Magdalena, donde Carlos Caicedo (Fuerza Ciudadana, ex rector universidad del Magdalena, ex alcalde de Santa Marta, ex compañero de fórmula de Gustavo Petro a la presidencia de la República) hace tambalear la ‘dinastía’ de los Cotes en su empeño de perpetuarse en la gobernación de su departamento (el mello Cotes, hijo (2012-2015) – Rosa Cotes, madre (2016-2019) – el mello Cotes, hijo (2020…). Las encuestas le dan una ventaja a Caicedo de 2 a 1 sobre los Cotes… Amanecerá y veremos.

Los departamentos de Bolívar y La Guajira se disputan el récord en cuanto a corrupción, al punto que tanto la alcaldía de Cartagena como la gobernación de La Guajira han visto posesionarse, cada una de ellas, casi una decena (entre titulares y encargados) de funcionarios en un solo periodo electoral. Esa circunstancia habla por sí sola y exime de cualquier análisis.

Córdoba, que parece tierra silvestre para delincuentes de cuello blanco (Los Ñoños, Besaile, Lyon, García, Tapia, Bula, Pestana, López, Bechara, Jattin, etc., etc.), se empeña en alimentar su estigma. La mayoría de los hoy aspirantes son fichas obsecuentes de los judicializados y encarcelados por defraudación al Estado.

Aproximación en el Cesar

Para la gobernación del Cesar marcha en solitario Luis Alberto Monsalvo Gnecco, veterano de mil batallas (ex parlamentario, ex gobernador), quien aspira a repetir mandato, solo un decir, pues sigue en el mando aunque en cuerpo ajeno. Luis Alberto ha resultado un buen gregario, eso sí, carismático a pesar de su déficit de discurso, de emprendimiento y de planeación, tal cual lo confesó él mismo. En su travesía hacía la gobernación no se le visualiza obstáculo insalvable, excepto un proceso judicial adelantado por la Corte Suprema de Justicia, que ha programado una audiencia para el próximo mes de septiembre. Y todo puede suceder.

Hoy por hoy, la casa política más robusta en el Cesar es la Monsalvo Gnecco (MG), a la batuta doña Cielo (con pocos estudios y formación pero trabajadora incansable, meticulosa en la organización, oportuna en el socorro de los necesitados, fuerte de carácter para imponer su matriarcado), quien ha sabido consolidarla y crecerla a partir de los restos del grupo Golpe, fundado por su hermano Lucas Gnecco Cerchar, caído en desgracia por adentrarse indebidamente en el código penal.

Guardadas las proporciones, la casa Monsalvo Gnecco (MG) se asemeja a la otrora casa Gerlein Echeverría, del Atlántico, una verdadera empresa electoral que supo tomarse el poder económico y, lógico, el político, mediante el fenómeno de la ‘retroalimentación’: Roberto, senador por varias décadas, alcanzaron la cumbre gracias al poder económico acumulado por sus hermanos Julio y Mauricio, megacontratistas regionales y nacionales. El inconmensurable poder político permitía gestionar el botín económico, y este, a su turno,  garantizaba el engrase y engorde de la gigantesca estructura política. Un toma y dame. El poder avasallador del dinero, más la sofisticación del manejo electoral, le permitió a la casa Gerlein Echeverría reinar por décadas en el Atlántico y en el país.

Por lo visto, los Gerlein hicieron escuela; la casa Monsalvo Gnecco es, seguramente, de los alumnos más aventajados. La inmensa fortuna familiar se ha sabido invertir para recuperarla con creces. En el Atlántico, Roberto (el político), y Julio (el contratista). En el Cesar, Luis Alberto (el político), y su hermano José Jorge (el contratista), dueño absoluto e incuestionable de la contratocracia departamental y municipal.

Justamente, ese poder avasallador del dinero llevada a su máxima expresión al trasmitir la idea de su indestronabilidad, apabulla a la comunidad cesarense; los pocos que osan desafiar ese po

der, lo hacen a desgano  sobre todo por la poca ayuda que presta una sociedad desorientada, desorganizada, desunida, sin liderazgos visibles y comprometidos.

Como quien dice, en país de ciegos, el tuerto es rey. Y suele reinar a perpetuidad: de 8 periodos, los Gnecco se han ganado 5 gobernaciones. Y en aproximadamente 25 años, han tenido más de 8 representaciones en el congreso de la República.

Algo si es clarísimo. La Casa MG conoce a la perfección la ‘personalidad’ del departamento, y sabe que aún no existe contrapoder socio – político capaz de enfrentarlos. Seguramente la ven pusilánime, mediocre, carente de visión, sin agallas, adocenada, arrodillada, por manera que la actual correlación de fuerzas es más atribuible a defectos de la sociedad cesarense que a virtudes de la casa MG.

Nada es eterno, dice la ranchera, y menos en el goce del poder, de suyo desgastante. Comparado con el periodo anterior, el poder de MG sobre el cuerpo de congresistas cesarenses es en esta ocasión más frágil, como quiera que solo cuenta con la obsecuencia del senador Gnecco Zuleta y del representante Salazar; los otros congresistas se le han sacudido un poco y alguno, como Moreno, los ha enfrentado con valentía. Tan menos fuertes están, que los analistas aseguran que la probable elección de Monsalvo trastabillaría sin el apoyo decidido de la Casa Cuello.

Otras candidaturas

Del grupo de rezagados aspirantes a la gobernación del Cesar solo perviven 4:

  1. Claudia Margarita Zuleta es una mujer joven, madre cabeza de familia, con poca experiencia administrativa y política, pero de carácter fuerte y buena expresión oratoria y de gran conocimiento de su territorio. Es una mujer de lucha apasionada. Por el ímpetu de arrancada, la suya se antojaba una candidatura de mucha fortaleza. Llegó a vérsele como una contendiente capaz de derribar la ceiba frondosa de MG. Con el paso de los kilómetros se vino abajo, desgastándose en extremo y perdiendo a muchos coequiperos valiosos que han preferido migrar a otra campaña.

Los analistas se lo imputan a errores de estrategia en la misma estructuración de su campaña y a incoherencia de su discurso. Matricularse con el senador Uribe Vélez, sin ganarse al partido Centro Democrático,

fue error fatal al distanciarla también de otros sectores. Además, aparecía abrazada por completo (¿monopolizada?) por Álvaro y Sergio Araujo Castro, delfines de otra casa política que reinó por décadas el departamento y la nación. En virtud de qué revivirla, se preguntaba el ciudadano.

Por último, del tira y afloje con el máximo elector del Cesar, el congresista Ape Cuello, de sus mismas entrañas conservadoras, no salió bien librada. De ahí para acá se han sucedido tantas deserciones de su campaña, mermándole muchas posibilidades de victoria. Pero hay futuro.

  1. Kaleb Villalobos, joven y serio profesional, formado, de carácter. Su campaña ha sido poco visible en los medios de comunicación masivos, prefiriendo el trabajo puerta a puerta, barrio a barrio; los analistas, sin embargo, le ven la debilidad de su poco gusto por la confrontación pública, como si prefiriera pasar de agache en un momento que exige un discurso y liderazgo que convoque un apoyo masivo, sobre todo porque puede erigirse como el segundo en la competencia, luego de la defección de Zuleta.

Su campaña puede canalizar a los inconformes y opositores de la hegemonía MG, pero también a los desertores de la campaña de Claudia Margarita, a lo cual puede sumársele votos de opinión y los de la percepción del voto útil. Aunque es difícil una remontada, Villalobos trabaja con denuedo, con el hándicap que su trabajo puede, en el peor de los casos, otorgarle el premio de consolación: la curul en la asamblea departamental reservada para el segundo en la votación respectiva.

  1. Jaime Araujo Rentería (abogado, catedrático, escritor, ex candidato a la alcaldía de Valledupar, ex candidato a la presidencia y a la vice presidencia de la República, ex presidente de la Corte Constitucional), de lejos debería ser el mejor gobernador: por su preparación, su formación, su independencia y su carácter indomable, pero quienes lo conocen lo ven distante como candidato, inamistoso, no proclive a la usanza de favores politiqueros, con poca experiencia en el manejo político y poco conocido del mundillo político, lo cual explicaría su rezago de la vanguardia del pelotón. Sin embargo, puede sumar votos de opinión, entre otros los del grupo que lo avala, Colombia Humana, que obtuvo buenos guarismos en pasadas elecciones.
  2. Hugo Alejandro Vásquez Vargas fue candidato al senado de la República; también a la alcaldía de Aguachica, obteniendo más o menos 8.000 votos, cifra nada despreciable.

Además, la circunstancia de ser el único candidato del centro y sur del departamento, blandida la bandera de la exclusión, muy interiorizada por sus paisanos, seguramente puede aportarle, a más de discurso, un  segmento poblacional significativo, sobre todo cuando la votación de la capital, Valledupar (más del 40%), será dividida por los otros sectores en contienda.

El recorrido para la alcaldía de Valledupar

Al igual que para la gobernación, un candidato va desprendido del lote, bien lejos, casi inalcanzable. Se trata de Ernesto Orozco Durán, quien ha convocado en torno suyo a la mayoría de las fuerzas representativas del municipio.

Aunque fungió de concejal en una ocasión, Orozco no es reputado como político, sino como gerente (director de COMFACESAR por más de 14 años, entre otros cargos)  caracterizándose por ser ejecutivo organizado, planificador, incluyente, con buenos resultados a su haber gracias a su principal virtud: rodearse de excelentes talentos, seleccionados y formados por méritos.

A ese plus le agrega otra virtud: su honradez. En tantos años manejando presupuestos de miles de millones de pesos, ninguna mácula opaca su nombre. Y la suma de todo eso lo muestra, ante los ojos de una ciudadanía cansada y frustrada por tantos gobernantes oportunistas que solo han buscado ‘su cuarto de hora’, lo muestra, digo, como un candidato necesario para devolverle a Valledupar el sitial de honor perdido hace rato.

Como si fuera poco, a su inscripción por firmas se le suma el apoyo del máximo elector del Cesar, Ape Cuello, que para bien o para mal arrastra el poder del gobierno municipal, confiando en que no le reste posibilidades.

El segundo en posibilidades es el Mello Castro (ex concejal, ex diputado, partido de la U) más carismático pero menos formado o preparado y con menos resultados para mostrar que Orozco. Se cree que el grueso de la casa MG, y los viejos amigos de su abuelo Pepe Castro, estarían acompañándolo. Para destacar, su candidatura va en ascenso.

La otra aspiración a la alcaldía que debería figurar con alguna posibilidad es la del ex alcalde y ex vice ministro de trabajo y pensiones Fredy Socarras Reales, quien a última hora decidió su candidatura apoyado por la Alianza Verde y Colombia Renaciente y por un sector de Colombia Humana.

Al ir con avales de partidos distintos a los de su vieja militancia, circunstancia no vista con buenos ojos por su cauda política, se percibe frialdad en el apoyo brindado, lo que hace débil su candidatura, amén de estar aún vigente un proceso penal en su contra.

Otros 4 corredores siguen en la brega, pedaleando y pedaleando, pero el ritmo que llevan no les permite avanzar con mayor rapidez; se teme, inclusive, que algunos o todos defeccionen antes de llegar a la meta.  Evelio Daza Daza, Miguel Morales, Alaín Jiménez Fadul y Jesús España Mayorca completan el cuadro de honor.

Sin desestimarlo – el atreverse a mostrarse  ya es ganancia – se cree que incidirán poco en los resultados estadísticos del debate, aunque sí mucho en la pedagogía programática, pues los 4 son candidatos formados y con claridad conceptual sobre la visión de ciudad.

 

enfoquevallenato@gmail.com

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